La tragedia de Trujillo: Un recordatorio brutal de que la vida no es un ítem del P&L
El lamentable hecho de violencia ocurrido en una empresa distribuidora eléctrica de Trujillo no es un suceso aislado. Es la consecuencia extrema y previsible de un sistema que, en la práctica, suele priorizar la eficiencia administrativa y el costo-beneficio sobre la dignidad y la seguridad humana. Mientras las gerencias analizan números en una hoja de P&L (Pérdidas y Ganancias), el artículo olvidado en ese balance es la vida de los trabajadores y trabajadoras.
El discurso empresarial habla de «Compliance 2026» como un conjunto de procedimientos para evitar multas. Nosotros, desde el sindicato, lo llamamos por su nombre verdadero: es el cumplimiento irrenunciable de la ley y el respeto a los derechos fundamentales. La posición de garante que tiene el empleador, establecida por la Doctrina del VI Pleno Jurisdiccional Supremo, no es una sugerencia. Es una obligación legal y moral de proteger la integridad física y mental de toda persona que trabaja para la empresa.
La Normativa Existe, la Voluntad Falla
El marco legal peruano es claro. La Ley N.° 29783 de Seguridad y Salud en el Trabajo y el Precedente de Observancia Obligatoria 007-2025-SUNAFIL establecen de manera inequívoca el deber del empleador de vigilar la salud integral, incluyendo los riesgos psicosociales. ¿De qué sirve un protocolo en un archivador si no se aplica cuando más se necesita?
El caso de Trujillo expuso fallas críticas:
1. Fracaso en el control de riesgos: La Ley 30299 exige un control estricto de armas de uso civil. Notificar un despido a un trabajador de seguridad sin haber desactivado previamente todo riesgo es una negligencia que convierte a la empresa en corresponsable de la tragedia.
2. Desprecio por la salud mental: Si existían indicios de un estado emocional alterado o situaciones de hostigamiento, ignorarlos constituye una violación directa del deber de prevención. La salud mental no es un «plus», es parte del contrato social de la trabajo.
3. El costo real de la desidia: Las empresas calculan riesgos en multas potenciales de la SUNAFIL (referenciadas en la UIT) o en el pago de una indemnización (calculada a veces en base a la RMV). Pero el costo humano es incalculable: vidas destrozadas, familias destruidas y un trauma colectivo que perdura.
Nuestra Exigencia como Colectivo
Desde SINTEC, no nos conformamos con lamentos. Exigimos una transformación real de la cultura laboral:
· Protocolos con Rostro Humano: Que los «protocolos de desvío de crisis» sean co-diseñados con representación sindical. Deben incluir la evaluación psicosocial obligatoria previa a un despido, la retención preventiva de instrumentos de riesgo y un acompañamiento real durante procesos críticos.
· Vigilancia Sindical Activa: Ejerceremos nuestro derecho a supervisar el estricto cumplimiento de la Ley de SST y todas las normas conexas. Donde la empresa vea un «gasto en compliance», nosotros veremos una inversión en vida.
· Cero Impunidad: Demandamos que las investigaciones no solo sancionen al causante material, sino que establezcan las responsabilidades empresariales por omisión en su deber de garante.
La paz laboral no se negocia en una hoja de Excel. Se construye día a día con respeto, diálogo y un compromiso inquebrantable con la seguridad y la dignidad de todos. La tragedia de Trujillo debe ser la última.
Honremos a las víctimas convirtiendo su dolor en un impulso colectivo e irrefrenable por cambiar un sistema que, demasiadas veces, valora más el capital que al ser humano.







